La ilusión

Ir y venir (Callejeando II)

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¿De donde venimos? ¿A donde vamos? Las eternas preguntas tienen fácil respuesta cuando estamos en la calle. Respuestas sencillas, sin más trasfondo. Venimos de casa, vamos al trabajo, o a comprar, o vamos al cine, o vamos casa de una amiga, o venimos del médico, o de tomar unas cañas. Y nuestros pensamientos, a veces, se reflejan en nuestra cara o en nuestra mirada.

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En sus pensamientos
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Super-bici
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4 comentarios en “Ir y venir (Callejeando II)

  1. Coger el mismo camino, una y otra vez, al trabajo, al colegio, al bar de la esquina, de vuelta a casa sigue teniendo su magia. Al final, la mayor parte del tiempo, hacemos los mismos círculos (unos más pequeños, otros más grandes) alrededor de nuestra casa; pues, siempre me doy cuenta cuando me tengo que mudar (algo que he tenido que hacer mucho en mi vida) y llega el momento de despedirme de ‘mis caminos diarios’, que parecían tan ‘para siempre’. Estos caminos incluyen muchas caras, de la gente con que te has cruzado -casi- a diario, generalmente sin conocerla, bueno…, a veces un poquito, por observar sus miradas e interpretar un poco sus pensamientos. Una feliz noche, Carlos.

    1. Es cierto Rosa, es una extraña relación personal – impersonal con la gente que te cruzas cada día a la misma hora en el mismo lugar y se llega uno a preocupar cuando no ves a alguien durante un tiempo. Aunque también es cierto que con esta extraña prisa que nos invade a todos vamos de un sitio a otro sin enterarnos de nada. Eso es lo que tiene de bueno la fotografía callejera, que te fijas en los detalles, en cada persona, en cada gesto, que de otra forma seguro que pasarían desapercibidos. Abrazo, Rosa !

  2. Somos actores/espectadores de un ¿improvisado? guión que se escenifica día a día en un siempre cambiante escenario.
    Más que por el origen o por el final de mi destino me pregunto por el porqué.
    Un abrazo

    1. Recuerdo que en una novela de Kundera decía algo así como que para conocerse a uno mismo, uno de los métodos es ir restando lo que nos es externo, prestado, lo que nos viene de fuera, para llegar así a la esencia de lo que realmente somos, pero con el peligro de que, al final, acecha el ‘cero’ como resultado. Quizá por ese miedo es por lo que poca gente se cuestiona nada que no sea lo más cotidiano y banal.
      Abrazo, Marcelo y gracias por tus comentarios, siempre interesantes.

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